Es bastante evidente que es el ojo nuestra principal ventana al mundo, la manera más habitual de percibir las cosas que ocurren a nuestro alrededor.
Una imagen nos transmite muchísimas cosas, la interpretamos y le damos un nuevo significado, el nuestro particular. Son las imágenes las que nos remiten a otras, las que hacen volar nuestra imaginación.

Pero son también las imágenes las que nos emocionan…
Ver algo que llevas esperando durante mucho tiempo nos provoca esa sensación que pensabamos aun quedaba lejana. Incluso ver algo que no nos esperamos es motivo de sorpresa o enfado, reacciones involuntarias que nos hacen diferentes al resto, únicos.

Es por eso que cuando algo sucede sin haberlo nosotros visto, se dice aquello de “Ojos que no ven… corazón que no siente”. ¿Corazón que no siente?

Ojos que no venEstoy convencida de que muchos ciegos opinarán al igual que yo, que este refrán aplicado en práctica, algunas veces sí que puede resultar efectivo, pero no en todos los casos.
Quiero decir que, parece cierto que si ocurre algo y no lo vemos nos hace menos daño que si lo percibiéramos directamente.
Pero, ¿por qué esos sentimientos han de ser menos intensos que los que se producen al ver algo con nuestros propios ojos? ¿Quizá no ver la realidad nos proteje de sufrir más de lo necesario? Puede ser…

Aunque por esa regla de tres, las personas ciegas o que han ido perdiendo visibilidad a lo largo de su vida, en teoría deberían ser menos sensibles frente a temas de guerra, desastres naturales, pobreza, atentados, masacres en institutos de EEUU (muy de moda ahora mismo), hambre…

Pero al contrario de lo que teóricamente debiera ser, estas personas, visualmente limitadas, por lo general suelen tener el resto de los sentidos a flor de piel, mucho más desarrollados que una persona que ve correctamente. Y claro, tiene su lógica…
El tacto, el olfato, el gusto y el oído se convierten entonces en sus cuatro mejores aliados. Sus compañeros del día a día, sus guías perceptivas e interpretativas. Acarician, huelen, saborean y oyen con más intensidad, hacen un análisis más profundo de las cosas y del entorno para captarlo, interpretarlo y dar una respuesta… y habitualmente (no siempre, pero…) cuando las impresiones sun buenas, disfrutan más de esa sensación que les producen las manos, la nariz, la boca, incluso los oídos. Aprecian más las texturas, los olores, los sabores y los sonidos…

Abre los ojosY ahora el corazón, nuestro motor. ¿A cuál de los cinco sentidos quedará más ligado? Posiblemente a ninguno de ellos, cada persona establecerá un tipo de conexión particular entre su sentido más desarrollado y su corazón.

Habrá quien excite al corazón cuando acaricia a otra persona, otros lo inquietarán al oler la colonia de la persona deseada, seguramente muchos le darán fuerza a través de un intenso sabor y la gran mayoría lo emocionarán al oir una canción, esa canción.

Para amama, que me observa y me cuida desde donde quiera que esté.