Era el día de su cumpleaños. Cumplía veintitres. Había algo que celebrar junto al resto de sus hermanos, otras tres chicas y cuatro chicos.

Familia HuertaAunque seguramente ese día tendría que pasarlo también hilando, cosiendo trajes o ayudando en casa. En una familia numerosa era imprescindible que todos los hermanos tomaran parte en las labores del hogar, sobre todo ellas.

Amama FelisaFelisa era la mayor, nació el 31 de marzo de 1914, en Palencia, pero pronto, siendo aun una niña, sus padres tomaron la decisión de emigrar a tierras vascas. Familia de sastres, se afincaron en el bizkaino pueblo de Zalla, al noroeste de la provincia. Allí prosperaron y con el paso de los años, el oficio del padre lo aprendió también Felisa, para así, sacar adelante una familia de 8 hermanos.

(Modificar esto…) Veintitres ya. Toda una vida por delante…

… y otras tantas que se interrumpían 60 kms más al Este, en Durango.

 

Aunque la cifra no está clara, unas 400 personas murieron en los diversos ataques que sufrió la villa. Un primer ametrallamiento desde el aire unos días antes de la fatídica fecha mató a varias personas que se encontraban en el frontón Ezkurdi. La represalia fue inmediata. Un grupo de soldados acudió al ayuntamiento y sacó de la cárcel a veinticuatro carlistas y los asesinaron en el cementerio.

Plaza DurangoCasa Durango desde el aire

Aquel 31 de marzo vino el gran ataque, la presencia de aviones de reconocimiento como el llamado Abuelo o Alcahuete sembró una primera alarma en los albores del día. (…) Sin embargo solo fue una falsa alarma y los habitantes de la villa continuaron con su vida cotidiana. Las misas en Sta. María, Sta. Ana y Jesuitas recibieron su feligresía como de costumbre pero desde el cielo no llegó la salvación, sino la tragedia.

Calles de DurangoUribarri de DurangoJone y Maitena Belaustegigoitia escuchaban misa en la iglesia de Sta. Ana, la única que no sufrió el ataque; pero sí cayeron bombas en la iglesia de los Jesuitas, donde estaba otra hermana Belaustegigoitia, Itziar.

Sé que estaba la gente en misa, serían las nueve, se oyeron los reactores, los nueve reactores, que venían dos y uno en el medio y cuando fueron a bombardear salió mi abuela al portal y le digo “Amama, amama! Están echando papeles…” y me dice mi abuela “Metete dentro que dicen que ha estallado la guerra y son bombas”.

En la iglesia de Sta. María de Uríbarri había cincuenta personas. Unas cuarenta murieron, incluido el párroco, un asturiano que había salido de su tierra huyendo, decía, del terror rojo.

De Sta. Susana de donde mataron a doce monjas, traían a un miliciano, a un gudari en una camilla herido y sucio… Estaban los aviones otra vez encima y me acuerdo que una mujer decía “Por favor, que vaya la gente a Sta. Susana, que allí hace falta ayuda”.

Cuando la población huía de la villa bombardeada los aviones volvieron a raicear, persiguiéndoles por los montes, ametrallándoles. Los supervivientes de aquella catástrofe recuerdan sin duda ese día, como uno de los peores de sus vidas.

Y hay personas con las que no se puede hablar, porque lo tienen tan dentro y sufren tanto que… que más vale callarse.

Yo miré… y ahora miro a todos los aviones que pasan, a todos los aviones que pasan, los miro…

Ahora, 70 años después, la alarma suena, con fuerza, porque la fecha de hoy nos da una oportunidad para que los gritos de Durango no caigan en el olvido.

  • Artículo en recuerdo a amama Felisa, que hoy hubiera cumplido 93 años.
    Los testimonios de los durangueses son reales. El texto que los acompaña es una adaptación de la versión original de mi compañero en Radio Euskadi Javi D. Eskerrik asko Javi.